Julio Vasquez.

Radio Renacer

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jueves, 17 de marzo de 2011

Dios puede restaurar tu vida rota, y sanar tu esperanza herida

Hay momentos muy difíciles en la vida, como los sufrimientos que atraviesa Japón por causa del tsunami, el terremoto y el nivel de radiación que desprende la central nuclear de Fukushima, en los que muchos pensamientos invaden a todo el ser hasta agotarlo y debilitarlo.

Acontecimientos que invitan a reflexión, y a un cambio de dirección en el tren que transporta las acciones de la vida, para cuando llegue el toque de campana a causa de los acontecimientos imprevistos que de manera sorpresiva el destino pudiera poner delante de todos o de modo individual.

La historia reseña acerca de una gran cantidad de personas que tomaron decisiones equivocadas por encontrarse bajo la influencia de pensamientos derrotistas.

Espero que no sea tu caso.

Pero hay muchas familias rotas, hijos e hijas en la miseria, en frustración, gente que perdieron sus vidas, amistades que se rompieron, matrimonios en aversión y odio, empresas que quebraron, infinidad de divorcios, carreras que no se llegaron a terminar, proyectos que murieron en el intento, metas que no se pudieron alcanzar, porque un día llegó el abatimiento y abrió un camino hacia el pozo de la desesperación, de las decisiones incorrectas, y no lo pudimos superar.

Solamente Dios puede sacarnos en esos momentos con brazo fuerte, para abrir una fuente de vida cuando las circunstancias no nos favorecen.

Un salmista de Dios levantó una súplica de liberación porque se encontraba oprimido por el enemigo, y estando abatido, apesadumbrado y desfallecido, le habló al Señor la siguiente oración:

Mi alma tiene sed de Dios

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,

Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;

De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,

Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,

Y te turbas dentro de mí?

Espera en Dios; porque aún he de alabarle,

Salvación mía y Dios mío.

6 Dios mío, mi alma está abatida en mí;

Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,

Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;

Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8 Pero de día mandará Jehová su misericordia,

Y de noche su cántico estará conmigo,

Y mi oración al Dios de mi vida.

9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?

¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,

Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

11 ¿Por qué te abates, oh alma mía,

Y por qué te turbas dentro de mí?

Espera en Dios; porque aún he de alabarle,

Salvación mía y Dios mío. Salmos 42 (RV60

La esperanza de este siervo estaba puesta en Dios por medio de la fe.

Que en este día El sea nuestra esperanza.

Dios nos lleva a las ruedas del alfarero a construirnos de nuevo, aunque nuestras vasijas se encuentren rotas.

Levántate, no eres un abatido, eres un triunfador, hoy el Señor te hace fructificar, resplandece en el nombre de Jesús, Amen.

Autor: ANTONIO REGALADO

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