Julio Vasquez.

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jueves, 5 de agosto de 2010

Divagaciones en agosto... Anexión y Restauración‏

J. Tiberio Castellanos.


Pedro Santana envió al patricio Mella a España, a gestionar ayuda de la Madre Patria. Ayuda, quiere decir algún nexo, acuerdo o presencia española en el país que desalentara los viejos ímpetus de conquista de los haitianos.
Cuando esto ocurrió, el presidente dominicano no pensaba en nada parecido a una anexión. Ramón Matias Mella nunca fue anexionista.
Pero, para esa época, año 1860, España ya no era la gran nación conquistadora de medio mundo, sino un imperio en decadencia. Y siguió así muchos años después. ¿Conocieron esto Santana y Mella? Es muy osado pensar que el viejo hatero fuera consciente de este detalle. Pero Mella, que tras gestiones y gestiones no vio ningún fruto de su estancia en Madrid, posiblemente sí captó esa realidad.
Lo cierto es que Mella regresó al país con su maletín vacío de acuerdos y Santana envió entonces a España a Felipe Alfau, uno de los nueve trinitarios originales de Duarte, ahora uno los bravos generales del seibano.

Lo demás de las gestiones de Alfau en Madrid y el convenio final de la Anexión del pais dominicano, son detalles. Detalles intrascendentes de un gran disparate o un gran desacierto del gabinete de gobierno O'Donnell de la Reina Isabel II de España y del gobierno de Santana. Me parece una tonteria hablar de crimen, de traición a la patria o de "inconsulto caudillo, de esas glorias el brillo empañar". Lo que si puede agregarse es que contribuyeron a ese error los sesenta años del caudillo seibano (muchos años, para entonces), y la convicción de muchos dominicanos de entonces de que solo él podia enfrentarse a los haitianos. Porque la historia de los últimos años así lo hacia creer.
Y así, la nación que bravamente defendió, durante casi veinte años y cuatro guerras contra Haití, su independencia, se convirtió, estúpidamente, en una provincia más de España en Las Antillas, igual que lo eran entonces Cuba y Puerto Rico. En esas provincias imperaba, todavía, la esclavitud de los negros.
De esas provincias llegaron a Santo Domingo, a partir del 18 de marzo de 1861, las primeras tropas españolas. Cuentan que cuando estos soldados españoles pedían un trago en una pulpería o en alguno de los colmados de entonces, se sorprendían, y mucho, de que el mulato que les servía el trago, tuviese colgado en la pared un diploma de Coronel del Ejército. Porque ocurre, que fue aquí en Santo Domingo, primero que en cualquier otro país de esta zona del Caribe y de América, donde negros y blancos comenzaron a hacerse compatriotas. ==
Y lo anterior era sólo una de las características que ya hacían de los dominicanos una etnia específica y diferente a otras etnias de la nación española. Porque, si contamos desde los últimos años del siglo XVIII, más exactamente desde 1795 cuando España cede a Francia nuestro país, la presencia de la Madre Patria en nuestras tierras fue nula o casi nula durante más de medio siglo: primero las Invaciones Haitianas; luego Ferrand y los Franceses hasta 1808; luego la Reconquista de Sánchez Ramírez y la España Boba (boba por inoperante); entonces, el disparate de Nuñez de Cáceres, 1822 y la Ocupación Haitiana de Boyer; y veintidos años después la Independencia y las Guerras con Haití . En todos esos años fueron formando los dominicanos, aún dentro de la cultura española, una especifica idiosincracia nacional. Aunque muchos criollos, principalmente en la clase pudiente y educada, se creían, equivocadamente, españoles. ( Y no sólo los blancos. Recuérdense las acusaciones de "bovaristas" que nos hacía el ilustre haitiano Jean Price-Mars).
Lo dicho anteriormente junto a los disparates de la administracion española: impuestos donde no los había; desvalorizacion de la moneda nacional; defectuoso manejo de la justicia. Sumado a la errada política del Arzobispo Monzón que desató una obtusa campaña contra masones y protestantes, y que además quiso meter en cintura a los curas dominicanos y a otros católicos que no eran curas, y luego los abusos de Buceta y Campillo en el Cibao; todo esto,
apresuró un proceso separatista, que de todos modos era inevitable.

Debo agregar además, que España no supo que hacer con aquellos militares dominicanos victoriosos en tantas batallas. Sólo unos pocos de ellos fueron integrados al Ejército Español ( Santana y los Alfau, Felipe y Antonio Abad, y más tarde el bravo Eusebio Puello). Con los demás se formó una tal Reserva Nacional con inferiores sueldos y muy pocas atenciones. Otra cosa es que no debió arriarse nunca la tricolor bandera de la cruz blanca que flotó airosa presidiendo el triundo en tantas batallas por la libertad dominicana. Si españa no hubiera sido entonces una nación tan atrasada socialmente, al lado de la bandera dominicana, en otro mástil hubieran hecho flotar la española. (Por esos mismos años la República de Texas se integró como estado a la Nación Americana. A Texas se le respetaron bandera y tradiciones. Texas, es hoy el único estado de los EEUU que enarbola dos banderas: la de la única Estrella de la anterior república y la nacional de las Franjas y las 50 Estrellas).
Aún asi, los hombres que junto a Santana hicieron las guerras de la independencia, pelearon junto a los españoles en una guerra desde el inicio perdida, cayendo muchos de ellos como héroes. Sebastián Reyes cayó en Guayubín; Pascual Ferrer, cayó en Samaná, Juan Contreras en el combate de Maluco, frente a Olegario Tenares. José María Pérez Contreras, y finalmente Juan Suero, un mulato con tanto valor e hidalguia al que los españoles llamaron El Cid Negro, fue muerto emboscado por un francotirador luego del combate del Paso del Muerto.
Por supuesto... el 16 de agosto de 1863, "De la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear".
Pero, obsérvece que no fue en El Seibo, ni en Azua, ni en Baní, ni en Santo Domingo, sino en Capotillo junto a la frontera haitiana y con la ayuda de Haití.
Y obsérvece además, cómo los únicos civiles ilustres participando al inicio de las luchas por la restauración, fueron los munícipes santiaguenses, Espaillat, Bonó, Rojas, Grullón y otros, miembros de aquel Gobierno Transitorio de Santiago de 1857 y firmantes de la progresista Constitución de Moca en 1858, evidentemente, cobrándose la traición de Santana, a quien habían nombrado jefe del ejército en su lucha contra Báez y quien, derrocando a Báez, se hizo con el poder y dejó a los de Santiago sin pito y sin flauta.
Algunos han señalado que la Restauracion tuvo también carácter de guerra social. Indudablemente, la rebeldia floreció más entre los menos instruidos (entre muchos generales restauradores sólo Luperón sabía escribir), los menos acomodados y los más jóvenes. Y esto fué así, al menos al principio, porque luego, como es común en guerra o en política, todo el mundo va pasándose a los que están ganando.
Un abrazo,

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