Julio Vasquez.

Radio Renacer

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martes, 26 de enero de 2016

Conversión y misericordia

En el año del Jubileo extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco y en el cual estamos llamados a acoger y comunicar misericordia, la asumimos en primer lugar como apertura, abrir el corazón al perdón y al amor de Dios, e inmediatamente como necesidad de conversión, convertirnos a Dios y a la comunidad. 

La definición etimológica de Conversión es “volverse al mismo tiempo”, El Papa emérito Benedicto XVI, dice: “convertirse significa creer que Jesús se ha dado a si mismo por mí,  muriendo en la cruz y resucitando vive conmigo y en mí. Confiándome a la potencia de su perdón, dejándome tomar de la mano puedo salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y de toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor”.  Refiriéndose a san Pablo cuya fiesta de la Conversión celebramos el 25 de enero, afirma Benedicto XVI “Saulo se convirtió porque gracias a la luz divina, creyó en el evangelio, que es Cristo Resucitado, en esto consiste la nuestra y su conversión”.
    
El término misericordia viene de dos palabras latinas miserere que significa pobre y cor-cordis que significa corazón. Una persona misericordiosa es aquella que tiene un corazón sencillo y humilde que puede compadecerse de los demás.
   
 La Carta Pastoral del Episcopado dominicano, que fue publicada para la fiesta de la Altagracia, lleva como título: “Sean Misericordiosos como su Padre es Misericordioso” (Lc 6,36), en ella como cada año nuestros hermanos obispos, resaltan la importancia de afrontar los males que nos aquejan y que exigen misericordia: “Vemos con preocupación cómo la corrupción priva a la población de recursos económicos que deberían ser destinados para satisfacer sus necesidades básicas: educación, vivienda, alimentación, salud, seguridad, justicia, salarios dignos. La impunidad que incentiva a los corruptos a apropiarse de los bienes del pueblo y al mismo tiempo es una manera de mal educar a las nuevas generaciones. 

La contienda electoral, la gente percibe que la política es un negocio de fácil enriquecimiento para unos pocos que logran escalar a puestos y no un ejercicio de servicio a la sociedad y al bien común. La inseguridad ciudadana y criminalidad: es altamente preocupante el alto nivel de violencia que ha ido permeando todas las esferas sociales de nuestro país. La violación del sagrado derecho a la vida desde sus inicios. La vida, ese don supremo de Dios, es amenazada desde el mismo seno materno así como también por el creciente clima de violencia. Las vidas indefensas también claman misericordia. 

Nuestra madre tierra, clama misericordia ante las despiadadas agresiones sistemáticas de las mineras, la extracción de arena de los ríos y la deforestación de sus orillas, la reducción a cenizas por manos criminales de muchos de nuestros bosques, la tala indiscriminada de árboles en nuestras reservas naturales con fines comerciales, además acogemos el llamado del tema migratorio que nos hiciera el Papa Francisco, en la última visita Ad Límina, de prestar atención pastoral caritativa con todos los inmigrantes –en especial a los Haitianos-, así como ayudarles a integrarse en la sociedad y darles  nuestra acogida en la comunidad eclesial”. Todas estas realidades que claman misericordia nos deben conducir a la conversión personal y social.

Hna. Alicia GalíndezHermana Alicia Galindez