
Esta es una “anécdota de periodistas”, de tantas que nos tocan vivir en el agitado ejercicio de la profesión.
Es una historia jocosa para el que la cuenta, no para el que la vivió en carne propia, que en ese momento quería abrir un agujero para enterrarse vivo.
Es un relato de cuando el decoro venció la petulancia del poder. Yo no estuve ahí, sino que me lo contaron el periodista e intelectual –ya fallecido– Leo Reyes y la periodista Mariela Caamaño...