Julio Vasquez.

Radio Renacer

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viernes, 1 de enero de 2016

Se entrega "El Panda", uno de los sospechosos en tiroteo de la discoteca Tabú

- Uno de los sospechosos del tiroteo que dejó un muerto en la discoteca Tabú del Hotel Matúm, identificado como José Luis Hernández Paulino (El Panda), de 28 años,  se entregó este jueves ante la fiscalía de la provincia.
La institución del orden emitió una orden del captura a Hernández Paulino para investigación sobre el hecho donde fue asesinado el joven Joel Antonio Muñoz (Trujillo) y en el que hubo cinco personas heridas.
El Ministerio  Público sigue con las indagaciones de lugar para establecer la participación de Hernández Paulino en el incidente. 

El papa Francisco denuncia "río de miseria" en el mundo y pide vencer la indiferencia

El papa alertó hoy del "río de miseria" y violencia que crece en el mundo y pidió vencer la indiferencia y recurrir a "la fuerza de la fe" para abrir "nuevos caminos" que alcancen acuerdos a los que no llegue la política.
En su primera misa del año, el papa recordó "la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la Humanidad", una situación que tildó de "río de miseria".
"¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo?", cuestionó.
También se preguntó "hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes".
"¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales?", lamentó.
El pontífice aseguró que esta problemática, esta riada de violencia "alimentada por el pecado", no puede hacer nada "contra el océano de la misericordia", precepto al que ha consagrado su Año Santo Extraordinario.
"Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir", animó.
En este sentido defendió el rol que puede desempeñar la "fuerza de la fe" que, en su opinión, "siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón" a los que "no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política".
La misa, en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, tuvo lugar en la imponente basílica de San Pedro y sus alrededores contaron con una elevada presencia policial, debido a la alerta terrorista en la que se encuentra el continente europeo.
El papa concluyó la ceremonia a las 11.30 locales (10.30 GMT), una hora y media después de su inicio, y emprendió la salida de la basílica escoltado por doce guardaespaldas, que se entremezclaron inusualmente con los monaguillos y miembros del clero que conforman la comitiva papal.
Posteriormente se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico para rezar el primer Ángelus mariano del 2016 y dirigir su catequesis a los numerosos fieles y turistas que le observaban desde la plaza de San Pedro, a quienes felicitó el año.
Francisco volvió a abordar el tema de la paz que, a su juicio, "debe ser cultivada" por las personas, algo para lo que es preciso evitar la indiferencia.
"La paz (...) debe ser cultivada por nosotros. Eso supone una verdadera y propia lucha, un combate espiritual que tiene lugar en nuestro corazón", refirió el papa.
Y añadió: "La enemiga de la paz no es únicamente la guerra, sino también la indiferencia, que hace pensar solo en uno mismo y crea barreras, sospechas, miedos y egoísmos".
El papa dijo que "contamos con mucha información pero en ocasiones nos encontramos tan sumergidos en noticias que nos distraen de la realidad, del hermano y de la hermana que nos necesitan".
"Empecemos a abrir el corazón, despertando la atención hacia el prójimo. Esa es la verdadera conquista de la paz", exclamó.
La Iglesia Católica celebra este primer día del año la XLIX Jornada Mundial de la Paz, instituida en 1968 por el pontífice y beato Pablo VI.
En esta ocasión la jornada transcurre bajo el lema "Vence la indiferencia y conquista la paz" y, para este día, el papa trasmitió un mensaje que fue difundido por la Santa Sede el pasado 15 de diciembre.
En él, Francisco insta a los Estados del mundo a impulsar "gestos concretos" con los presos, los emigrantes y los parados y a favorecer las relaciones con otros países.
Además recuerda que "las guerras y los atentados terroristas, con sus trágicas consecuencias, los secuestros de personas, las persecuciones por motivos étnicos o religiosos, las prevaricaciones, han marcado de hecho el año pasado de principio a fin".
Este viernes el papa continuará con los actos vinculados al Jubileo Extraordinario y abrirá la puerta santa de la última de las cuatro basílicas papales que la mantienen clausurada, Santa María la Mayor.

Papa Francisco: «contemplar la Maternidad de María como icono de la paz»

«Muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz», es la oración conclusiva del Papa Francisco en su homilía de la Misa en la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios y 49° Jornada Mundial de la Paz.
(Camino Católico) Comentando el pasaje bíblico de la Carta de San Pablo Apóstol a los Gálatas, el Santo Padre se preguntó:«¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»?». La plenitud de los tiempo es entendida e interpretada desde el punto de vista de Dios, afirmó el Obispo de Roma, por ello, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho.
«Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos. Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza, para captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos».
Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco invocó a la Santísima Virgen María, la Madre de Dios. «Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz». En el video se visualiza y escucha la homilía del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:
Hemos escuchado las palabras del apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4).
¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»? Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, podemos quedarnos pronto defraudados. Roma dominaba con su potencia militar gran parte del mundo conocido. El emperador Augusto había llegado al poder después de haber combatido cinco guerras civiles. También Israel había sido conquistado por el Imperio Romano y el pueblo elegido carecía de libertad. Para los contemporáneos de Jesús, por tanto, ese no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos no se define desde una perspectiva geopolítica.
Se necesita, pues, otra interpretación, que entienda la plenitud desde el punto de vista de Dios. Para la humanidad, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho.
Por tanto, no es la historia la que decide el nacimiento de Cristo; es más bien su venida en el mundo la que permite a la historia alcanzar su plenitud.
Por esta razón, el nacimiento del Hijo de Dios señala el comienzo de una nueva era en la que se cumple la antigua promesa. Como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa» (1,1-3).
La plenitud de los tiempos es, pues, la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona. Ahora podemos ver su gloria que resplandece en la pobreza de un establo, y ser animados y sostenidos por su Verbo que se ha hecho «pequeño» en un niño. Gracias a él, nuestro tiempo encuentra su plenitud.
Sin embargo, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente.
La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad. A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo.
Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios.
Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos.
El Evangelio que hemos escuchado dice: «Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.
Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín, Sermón215, 4). Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz.
Francisco

María guardaba todo en su corazón

Evangelio según san Lucas 2, 16-21
Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
Oración introductoria
Gracias, Señor, por permitir que inicie este año buscando tener un momento de intimidad contigo en la oración. Invoco a tu santísima Madre para que me ayude a contemplar su ejemplo y virtudes. Ruego al Espíritu Santo que infunda en mí su luz y fortaleza para crecer en la humildad de los pastores.
Petición
Señor, ayúdame a incrementar mi amor por María.
Meditación del Papa Francisco
Ocho días atrás resonó el anuncio angélico: “Gloria a Dios y paz a los hombres”. Hoy lo acogemos nuevamente de la madre de Jesús que “custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”, para hacer de esto nuestro empeño en el curso del año que se abre. […] El Espíritu Santo actúe en los corazones, derrita lo que está cerrado y las durezas y nos conceda volvernos tiernos delante de la debilidad del Niño Jesús. La paz de hecho, necesita de la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor. En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial todas nuestras esperanzas.
A ella que extiende su maternidad a todos los hombres, le confiamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalga sobre las tentaciones de la venganza, de la prepotencia, y de la corrupción. A ella le pedimos que el evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, pueda hablar a cada conciencia y abatir las murallas que impiden a los enemigos reconocerse como hermanos.» (S.S. Francisco, 1 de enero de 2014).
Reflexión
Empezamos el año festejando a la Virgen. Es una oportunidad de oro para ponernos en sus manos desde el primer respiro del año.
Los hombres, al igual que hace más de dos mil años, siguen necesitando de Cristo. Pero pocos le reciben y le aceptan, porque se olvidan del ejemplo que nos dan María y los pastorcillos. El Evangelio nos dice que los pastores después de escuchar el mensaje del ángel “fueron a toda prisa”.. Porque los “sencillos de corazón verán a Dios”. Es decir, pusieron en práctica lo que les pedía Dios: caminar hacia Belén, donde encontrarían al Salvador. Y es precisamente esto lo que necesitamos. Sabemos que para tener a Cristo hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, el placer y la vanidad, pues no existe un Cristo a nuestra medida, sino el único Cristo que encontraron los pastorcillos “un niño envuelto en pañales recostado en un pesebre”.
Para llegar a Él hace falta ser humildes, pues la entrada de la cueva es pequeña y exige agacharse. Es Dios mismo quien nos enseña, desde ese pesebre, que su seguimiento exige cruz, dolor, humildad, pureza y pobreza de corazón, y obediencia a la voluntad de Dios. Y es esto lo que da la paz y la felicidad en el corazón. María, la Madre de Dios, nos enseña que para llegar a Cristo hace falta también la oración. Ella “guardaba todas la cosas y las meditaba en su corazón”.
Para ser Madre de Dios, María no tuvo que renunciar o dejar al margen nada de su feminidad, al contrario, la tuvo que realizar en nobleza y plenitud, santificada como fue por la acción del Espíritu Santo.
Al nacer de una mujer Dios ha enaltecido y llevado a perfección “el genio femenino” y la dignidad de la mujer y de la madre. La Iglesia, al celebrar el uno de enero la maternidad divina de María, reconoce gozosa que María es también madre suya, que a lo largo de los días y los meses del año engendra nuevos hijos para Dios.
Madre, bendición y memoria. En el designio de Dios, que es fuente de la maternidad, ésta es siempre una bendición: como a María, se puede decir a toda madre: “Bendito el fruto de tu vientre”.
Una bendición primeramente para la misma mujer, que mediante la generación da cumplimiento a la aspiración más fuerte y más noble de su constitución, de su psicología y de su intimidad.
Bendición para el matrimonio, en el que el hijo favorece la unidad, la entrega, la felicidad.
Bendición para la Iglesia, que ve acrecentar el número de sus hijos y la familia de Dios.
Bendición para la sociedad, que se verá enriquecida con la aportación de nuevos ciudadanos al servicio del bien común.
La maternidad es también memoria. María hacía “memoria” de todas esas cosas en su corazón. Memoria no tanto de sí misma, cuanto del hijo, sobre todo de los primeros años de su vida en que dependía totalmente de ella. Memoria que agradece a Dios el don inapreciable del hijo. Memoria que reflexiona y medita las mil y variadas peripecias de la existencia de sus hijos. Memoria que hace sufrir y llorar, que consuela, alegra y enternece. Memoria serena y luminosa, que recupera retazos significativos del pasado para bendecir a Dios y cantar, como María, un “magnificat”,
Propósito
Si queremos salir de estas Navidades “glorificando y alabando a Dios por todo lo que hemos visto y oído” y de habernos encontrado con Cristo niño, hace falta desprendimiento de nosotros mismos, humildad y oración. Y así, todos los que nos escuchen se maravillarán de las cosas que les decimos.
Diálogo con Cristo 
Gracias, Señor, porque hoy me muestras la fe de la Virgen, que meditaba todos los acontecimientos en su corazón. Y los pastores, qué gran lección de humildad y de amor. No preguntan, no cuestionan, con sencillez aceptan el anuncio y salen maravillados después de contemplar a Jesús. Permite, Señor, que en este nuevo año sepa cultivar la unión contigo en la oración, para que pueda verte en todos los acontecimientos. Para ello sé que se necesita más que el deseo o la buena intención, tengo que hacer una opción radical por la oración, que me lleve a dedicarte lo mejor de mi tiempo.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Papa pide no olvidar violencia de 2015 y afirma que "el bien siempre vence"

El papa Francisco hizo hoy balance del 2015 y pidió no olvidar los "muchos días marcados por la violencia", pero tampoco los "grandes gestos de bondad" que, a su juicio, "no deben ser ensombrecidos por la prepotencia del mal".
Lo dijo durante la celebración de las primeras vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, una ceremonia solemne celebrada en la basílica de San Pedro y en la que se entonó el "Te Deum" de acción de gracias por el año pasado.
"No podemos olvidar que muchos días han estado marcados por la violencia, la muerte, los indecibles sufrimientos de muchos inocentes, de refugiados obligados a abandonar sus países, de hombres, mujeres y niños sin un hogar estable, sin comida o sustento", manifestó el pontífice en su homilía.
Por otro lado, llamó a recordar los "grandes gestos de bondad, amor y solidaridad que han llenado las jornadas de este año", aunque, según recalcó Bergoglio, "no se han convertido en noticia para los informativos".
"Estos gestos de amor no pueden y no deben ser ensombrecidos por la prepotencia del mal. El bien siempre vence, aunque en algunos momentos pueda parecer débil u oculto", aseguró.
En este último día del año, según el papa argentino, es preciso "verificar si los hechos del mundo se han producido según la voluntad de Dios o se ha atendido prioritariamente a los proyectos de los hombres, a menudo cargados de intereses privados, de insaciable sed de poder y de violencia gratuita".
En calidad de obispo de Roma, también repasó la situación que ha vivido la capital italiana en los últimos doce meses, marcados por casos de corrupción y mafia y por una acuciante crisis política que derivó en la disolución de su propio ayuntamiento.
"Que el compromiso para recuperar los valores fundamentales de servicio, honestidad y solidaridad permita superar las graves incertidumbres que han dominado este año y que son síntoma del escaso sentido de la dedicación por el bien común", exclamó.
Lo hizo ante diversas autoridades de la capital italiana, como el alcalde en funciones, Francesco Paolo Tronca, que acudieron a la misa.
La ceremonia comenzó a las 17.00 local (16.00 GMT), cuando el papa, ataviado con paramentos blancos, propios de este periodo, besó una representación del Niño Jesús ubicada a los pies del altar mayor al tiempo que el coro de la basílica entonaba "Noche de Paz".
Tras su homilía, Francisco permaneció varios minutos arrodillado en el altar papal, en señal de adoración ante el ostensorio con la hostia consagrada.
Al término de la misa, el pontífice salió de la basílica mientras el coro cantaba el "Adeste fideles" para dirigirse a la plaza de San Pedro y rezar ante el Portal de Belén y el abeto instalados durante el periodo navideño.
A su llegada a la plaza, abrigado con un largo chaquetón blanco y escoltado por varios guardaespaldas, fue recibido por decenas de fieles y curiosos, que corearon su nombre.
Francisco, después de rezar en silencio ante las esculturas, accedió dentro del Portal para adorar al Niño y, posteriormente, se acercó con curiosidad a la figura que representa a un pastor que ayuda a otro, que se encuentra tendido en el suelo. EFE

Un ex-pastor evangélico explica la fórmula que usaba para que los católicos dejen la Iglesia

«Fui protestante durante veinte años antes de convertirme al catolicismo. Hice que muchas personas abandonaran la Iglesia Católica. Mi fórmula para lograr que los católicos dejaran la Iglesia en general estaba conformada por tres pasos: 1. Lograr que los católicos tengan una experiencia de conversión en un entorno protestante; 2. Darle a la conversión una interpretación protestante; y 3. Acusar a la Iglesia Católica de negar la salvación por la gracia». Quien así habla, Steve Wood, fue pastor protestante y director de un Instituto Bíblico hasta que el Señor le concedió la gracia de la conversión al catolicismo.
(Píldorasdefe/InfoCatólicaPublicado originalmente en Píldoras de fe.
Fui protestante durante veinte años antes de convertirme al catolicismo. Hice que muchas personas abandonaran la Iglesia Católica. Mi fórmula para lograr que los católicos dejaran la Iglesia en general estaba conformada por tres pasos.

Paso 1: Lograr que los católicos tengan una experiencia de conversión en un entorno protestante.

Muchas iglesias fundamentalistas, evangélicas y carismáticas tienen programas dinámicos para los jóvenes, intensos oficios religiosos todos los miércoles y domingos por la tarde y simpáticos pequeños grupos de estudios bíblicos. Además, patrocinan cruzadas, seminarios y conciertos especiales. Los católicos, invitados por un amigo protestante, pueden asistir a uno o más de estos eventos sin dejar de participar de las Misas de los domingos en su parroquia local.
La mayoría de los oficios protestantes proclama una simple doctrina: arrepiéntanse de sus pecados y sigan a Cristo en la fe. Además, hacen hincapié en la importancia de una relación personal con Jesús y en la recompensa de una vida eterna. La mayoría de los católicos que asisten a estos oficios no está acostumbrada a escuchar semejantes desafíos directos de abandonar el pecado y seguir a Cristo. En consecuencia, muchos católicos experimentan una genuina conversión.
Vale decir que deberíamos elogiar a los protestantes por el fervor que ponen para promover las conversiones.
Los líderes católicos deben multiplicar las oportunidades para que la gente se convierta en un entorno católico.
La razón es sencilla: aproximadamente cinco de cada diez personas adoptan las creencias de la confesión en la que experimentaron su conversión. Este porcentaje es incluso mayor para los que tienen conversiones profundas o experiencias carismáticas gracias a los protestantes. (Créanme que lo sé muy bien; me gradué en un colegio de la Asamblea de Dios y fui ministro de la juventud en dos iglesias carismáticas).
Los pastores, evangélicos, líderes de juventud y ministros laicos protestantes son plenamente conscientes de que las experiencias de conversión en entornos protestantes suelen provocar la adhesión a la fe y a la iglesia protestante.
Preguntas importantes:
  • ¿Por qué hay tantos líderes católicos que no se percatan de esto?
  • ¿Por qué son tan indiferentes a un proceso que se ha llevado a cientos de miles de católicos de la Iglesia?

Paso 2: «Darle a la conversión una interpretación protestante».

La conversión genuina es una de las experiencias más preciosas de la vida, equiparable al matrimonio o al nacimiento de un hijo. La conversión despierta una profunda hambre de Dios. Los ministros protestantes efectivos capacitan a sus trabajadores para que den seguimiento a este vivo deseo espiritual.
Antes de una cruzada en un estadio, les daba a los trabajadores de seguimiento un curso de capacitación de seis semanas. Les mostraba cómo presentar una interpretación protestante de la experiencia de la conversión haciendo uso selectivo de los versículos de la biblia.
La cita elegida era, por supuesto, Juan 3,3, el versículo sobre «nacer de nuevo»: «Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Utilizaba la técnica «touch and go» (toca y sigue) similar a la que se utiliza en el entrenamiento de pilotos para aterrizajes y despegues. Tocábamos brevemente Juan 3,3 para demostrar que era necesario nacer de nuevo para alcanzar la vida eterna. Luego describía la conversión en términos de nacer de nuevo. Hacíamos un rápido despegue antes de leer Juan 3,5 que hace hincapié en la necesidad de nacer del agua y del Espíritu.
Nunca les decía que durante 20 siglos las Iglesias ortodoxas y católicas, haciéndose eco de la enseñanza unánime de los padres de la Iglesia, ¡entendían que este pasaje se refería al sacramento del bautismo! Y obviamente nunca traía a colación la cita de Tito 3,5 («Nos ha salvado… mediante el bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo») como referencia paralela a Juan 3, 5.
Según mi experiencia como protestante, todos los católicos que tuvieron una conversión en un entorno protestante carecían de una sólida comprensión de su fe católica.
En veinte años de ministerio protestante, nunca conocí a un católico que supiese que Juan 3, 3-8 describe el sacramento del bautismo. No fue muy difícil convencerlos de que ignoraran los sacramentos y al mismo tiempo a la Iglesia que hacía hincapié en los mismos.
El libro de Proverbios dice:
«Parece justo el primero que pelea; mas llega su contendiente y lo pone al descubierto» (18,17).
Los católicos que no cuentan con una base bíblica para sus creencias nunca llegan a escuchar el resto de la historia. Mi uso selectivo de las escrituras hacía que la perspectiva protestante pareciera a todas luces segura. Con el transcurso del tiempo, este enfoque unilateral de las escrituras hizo que los católicos rechazaran su fe católica.

Paso 3: «Acusar a la Iglesia Católica de negar la salvación por la gracia».

Los católicos muchas veces consideran que los protestantes que hacen proselitismo son intolerantes, cerrados o que están llenos de prejuicios. Esto es injusto e impreciso; una caridad profunda vigoriza su fervor equivocado.
Hubo una sola razón por la que hice que los católicos dejaran su Iglesia: pensaba que iban camino al infierno. Creía, por error, que la Iglesia Católica negaba que la salvación fuera por la gracia; sabía que cualquiera que creyera esto no se ganaría el Cielo. Trabajé sin parar hasta convertirlos movido por el amor a sus almas inmortales.
Utilicé Efesios 2,8-9 para convencer a los católicos de que era imprescindible que abandonaran la Iglesia: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.»
  • Primero decía «la Biblia indica que la salvación es por la gracia y no por las obras. ¿Correcto?» La respuesta siempre era sí.
  • Luego les decía «la Iglesia Católica enseña que la salvación es por las obras. ¿Correcto?» (Nunca conocí a un católico que no dijera que sí. Absolutamente todos los católicos que conocí durante mis veinte años de ministerio confirmaron mi error de que el catolicismo enseñaba que la salvación era por las obras y no por la gracia).
  • Finalmente, les decía que «la Iglesia Católica está llevando a sus fieles al infierno cuando niegan que la salvación es por la gracia. Será mejor que formen parte de una iglesia que enseñe cual es el verdadero camino al cielo».
Como además hacía una reseña veloz del libro de Efesios, muy pocas veces cité el versículo 10 que dice:
«En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos».
Presten mucha atención a los evangélicos que predican en estadios, en la televisión y en la radio. Nueve de diez veces hacen hincapié en Efesios 2,8-9, pero NUNCA mencionan el versículo 10.
No somos esclavos que se esfuerzan vanamente por ganar la salvación haciendo «obras de la ley» (Ef. 2, 8-9). Así, como hijos de Dios, estamos inspirados y fortalecidos por el Espíritu Santo para hacer «obras buenas» mientras cooperamos con nuestro Padre del Cielo para extender el reino de Dios (Ef. 2,10)
El catolicismo enseña y cree en el mensaje completo de Efesios 2, 8-10, sin equívocos ni abreviando la verdad.
Durante veinte siglos la Iglesia Católica enseñó fielmente que la salvación es por la gracia.
Pedro, el primer Papa, dijo
«Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús» (Hch 15, 11).
El Catecismo de la Iglesia Católica, completamente refrendado por el Papa Juan Pablo II, dice, «Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios» (número 1996).
El protestantismo comenzó cuando Martín Lutero declaró que somos justificados (considerados rectos) sólo por la fe. Cuando trataba de que los católicos abandonaran la Iglesia, no me daba cuenta de que Martín Lutero agregó la palabra «sólo» a su traducción de Romanos 3,28 a los efectos de probar su doctrina. (La palabra «sólo» no se encuentra en ninguna traducción protestante contemporánea al inglés del versículo Romanos 3, 28).
No me di cuenta de que el único lugar en la biblia en que se hace mención a «fe solamente» en el contexto de la salvación es en Santiago 2,24, en el que la idea de la fe solamente se refuta explícitamente:
«Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente».
Este versículo era perturbador, pero lo ignoré o lo tergiversé para que significara otra cosa que lo que el versículo y su contexto enseñaban claramente.

¿Los católicos deben participar en eventos protestantes?

No tengo inconveniente de que los católicos participen en eventos orientados al protestantismo y actividades ecuménicas valiosas siempre que:
  • Tengan una sólida comprensión de su fe católica.
  • Conozcan su fe lo suficientemente bien como para manifestársela a un no católico a través de las escrituras y los padres de la Iglesia.
  • Tengan la madurez suficiente para darse cuenta de que la presencia más profunda de Cristo no se encuentra necesariamente en un ambiente con demasiado ruido y gran emoción, sino que en momentos tranquilos como en la adoración a la Eucaristía (ver 1 R 19, 11-12).
Desafortunadamente, la mayoría de los hombres y mujeres católicos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial no cumplen con dichas condiciones. Para ellos, asistir a funciones protestantes podría significar abrir una puerta que los llevará directo a un camino fuera de la Iglesia Católica.
«Hoy en día hay miles de hombres y mujeres católicos a punto de dejar la única Iglesia por la que Cristo dio la vida». Hace poco escuché que un grupo de hombres católicos decidió no consultar el Catecismo de la Iglesia Católica en su reducido grupo de estudio de la biblia, por considerar que las Sagradas Escrituras eran suficientes. Tres de estos hombres sostuvieron que ya no creían en la verdadera presencia de Cristo en la Eucaristía. Con mi experiencia puedo saber hacia donde se dirige este grupo: directamente a un camino que los alejará de la Iglesia Católica.
Durante las tres décadas pasadas, miles de católicos dejaron la Iglesia por las posturas protestantes.
La iglesia más grande de Estados Unidos es la Iglesia Católica; el segundo grupo más importante de cristianos en Estados Unidos es el de los ex-católicos. El movimiento de hombres católicos tiene la solemne obligación de ayudar a los hombres a descubrir las raíces bíblicas e históricas de su fe católica. Entonces, en vez de abandonar la Iglesia, se volverán instrumentos para ayudar a otros a descubrir los tesoros del catolicismo.
Recuerden que un hombre que deja la Iglesia muchas veces llevará también con él a su familia (por generaciones y generaciones). (Le llevó cuatrocientos años, 10 generaciones, a mi familia) regresar a la Iglesia después de que una generación de mis antepasados en Noruega, Inglaterra, Alemania y Escocia decidiera abandonar la Iglesia Católica.
Como una persona cuya familia hizo el camino de regreso al catolicismo, permítanme hacerles una súplica personal a los hombres católicos, especialmente a los líderes de diversos grupos de hombres católicos:
No coloquen a católicos sin formación en un entorno protestante. Pueden ganar experiencia religiosa en el corto plazo, pero corren el riesgo a largo plazo de perder la fe. Sería sumamente irresponsable exponerlos al protestantismo antes de exponerlos completamente al catolicismo.
En el funeral de mi padre, veintinueve años atrás, canté, lleno de lágrimas, su himno favorito, «Faith of Our Fathers» (La fe de nuestros padres). Ni mi padre, el hijo de un ministro, ni yo caímos en la cuenta de que la verdadera fe de nuestros antepasados fue el catolicismo romano.
Todos los días agradezco a Dios que me haya hecho regresar a la antigua Iglesia de mis antepasados. Todos los años que Dios me permita pasar en este mundo continuaré proclamando tanto a mis hermanos protestantes como a los católicos incipientes la gloriosa fe de nuestros padres.
¡Paz y bien hermanos!
Steve Wood

¿Quién es Steve Wood?

Ex-director de un Instituto Bíblico en la Florida, Ex-pastor evangélico de una Iglesia interdenominacional. Estuvo sirviendo también en Costa Mesa en la Iglesia evangélica «El Calvario» mientras hacía sus estudios en un Instituto de la iglesia Asambleas de Dios. Trabajó en proyectos de evangelismo juvenil; fue lider de ministerios evangélicos en la prisión; organizó un Instituto de estudios bíblicos para adultos. Después hizo estudios de post-grado en el famoso seminario evangélico de teología Gordon-Conwell en Massachusetts.
Entre otras cosas en su testimonio de conversión Steve dice: «Entre mas estudiaba los primeros siglos de cómo era la Iglesia primitiva mas me daba cuenta que se parecía a la Iglesia Católica. Estudie mas a los «primeros padres de la Iglesia» y escudriñe mas la Biblia. Mas confusión había en mi. Para empeorar la situación, me entere de que dos de mis compañeros más inteligentes y más anti-católicos del seminario evangélico también estaban pensando en hacerse católicos. Un día cuando estaba predicando», continua Steve diciendo, «yo sentí que el Señor me decía: «Ahora o nunca». Si en medio de todos yo daba un paso de fe y reconocía la verdad yo iba a perderlo todo. Perdería mi trabajo como pastor, no podría sostener a mi familia, era mi carrera y era mi llamado. Yo había invertido 20 años preparándome para ser un ministro protestante y Dios me decía: ¡Hazlo, ahora!… y lo hice.»
«Pedí disculpas a mi congregación reunida. Los «ancianos» líderes me siguieron. Yo les dije que ya no podía seguir engañándome a mí mismo. Mi peregrinar hacia la Iglesia que Cristo fundó: La Católica, ya había iniciado. Luego: Oré más, estudié más, conocí la plenitud y llegué. La plenitud de una relación personal con Cristo está en tener una relación personal también con el cuerpo de Cristo: Su Iglesia (1 Cor 12) la Católica…» 

Sepultan restos del inmortal del deporte vegano muerto a tiros esta semana

En medio de llanto y dolor por sus familiares y amigos fueron sepultados la tarde de ayer miércoles los restos del inmortal del deporte vegano Fernando Antonio Reinoso Peña (Chapel) en el cementerio municipal. Antes de darle cristiana sepultura fue llevado al Campo y pista donde él compitió en varias ocasiones.
Fernando Reinoso fue muerto a tiros por personas sin hasta el momento identificadas, mientras la policía nacional continua las investigaciones.

Y la Palabra se hizo carne

Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.
Oración introductoria
Señor Jesús, ante un año más que termina te suplico humildemente que me concedes vivir junto a Ti el nuevo año, que está por comenzar para que sea una nueva oportunidad de mejorar mi servicio a los demás. Ven, Espíritu Santo, y guía esta oración para que sepa encontrar en ella la luz que guíe mi propósito de crecer en el amor.
Petición
Jesús, no quiero pedirte nada, sino darte las gracias por todos tus beneficios, pues sé que todo lo que soy y todo lo que tengo es un don tuyo.
Meditación del Papa Francisco
Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios.
La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. (Papa Francisco, encíclica Lumen fidei, n. 4)
Reflexión
Hoy nuestros ojos ven la luz para no andar en tinieblas. Cristo niño se nos presenta como la estrella que guiará nuestros pasos en la noche de la vida, pues cuando la noche es más negra es cuando más brillan las estrellas, es cuando más fuerte brilla Cristo en nuestro corazón.
El ambiente de la Navidad es uno de los períodos que más disfrutamos y que más deseamos. Tal vez si nos dieran a elegir por un estado permanente en nuestra vida escogeríamos la Navidad. No sólo por los regalos, fiestas, turrones y música, sino porque en el fondo resuenan palabras de amor, de esperanza, de perdón que nos gustaría escuchar más a menudo.
En este día nuestros ojos contemplan la imagen de un niño que como todo recién nacido, cautiva por su sencillez, por su hermosura, por su debilidad. Experimentamos la necesidad de prestarle nuestra ayuda y nuestra atención. Esto es lo que admiran nuestros ojos materiales: un niño que llora, duerme y sonríe. Pero nuestros ojos espirituales vislumbran por la fe al Verbo hecho carne por amor a nosotros los hombres.
Está de nuestra parte, por tanto, que nosotros aceptemos esa luz que viene a iluminar nuestro corazón, que viene a traernos la alegría y sobre todo la esperanza y el amor, a pesar de que muchos hombres se esfuercen por apretar los ojos para no ver la Luz que es Cristo. Podemos pensar la imagen de Cristo en el portal a través de un prisma en donde todos sus rayos son rayos que reflejan a un padre bueno, no tirano ni cruel, a un amigo con el que siempre podemos contar, a un hermano que nos prestará su apoyo incondicional para realizar nuestras pequeñas o grandes empresas. Así se nos presenta hoy el Verbo encarnado, como un destello de esperanza y de amor. Sólo necesitamos dejar que la luz de la cueva de Belén penetre en nuestro entendimiento y sobre todo en nuestro corazón.
Propósito
Como parte de la celebración del fin de año, leer un pasaje del Evangelio que hable sobre el amor de Dios.
Diálogo con Cristo
Señor, gracias por darme tu Palabra para conocer el camino que me puede llevar a la santidad. Gracias por tu amor y por todas las gracias que me has concedido. Me duele mucho el haberte fallado tantas veces, te pido perdón por esas ocasiones que no supe amar, confío en tu misericordia. Te suplico que mis actitudes y actos concretos estén siempre impregnados por el amor.

Encuentran alemán muerto con un tiro en la cabeza en Puerto Plata

La Policía informó este jueves que un alemán fue encontrado muerto en el interior de un vehículo con un balazo en la frente en la carretera que comunica el municipio de Imbert con Luperón, próximo a la entrada “El Charco de Lela”.
La víctima fue identificada como Helmut Peter Tenes, quien residía en el sector los Reyes, de Puerto Plata, quien presenta una herida de arma de fuego en la frente sin salida, de acuerdo al médico legisla Mario López.
El cadáver de Peter Tenes fue encontrado en el asiento delantero de la camioneta Chevrolet, Avalancha, color azul, placa L233548, propiedad de su esposa Martía Altagracia Cabrera de Tenes.
La Policía dijo en que en el lugar fue encontrado un celular, una canana para pistola, un bulto color kakis, unos lentes recetados y una cartera pequeña, pero no precisó sobre el arma de fuego que le produjo la muerte al extranjero.
De inmediato la Policía inició las investigaciones de lugar, mientras que el cadáver del alemán Peter Tenes fue trasladado al Instituto Regional de Ciencias Forense de la ciudad Santiago, para determinar la real causa de su muerte.

Fiesta de Año Nuevo, exceso desenfrenado

Rafael Baldayac
La fiesta de Año Nuevo es la celebración del inicio del año en función del calendario gregoriano,  por el que nos guiamos.  Con la expansión de la cultura occidental al resto del mundo el 1 de enero se ha convertido en una fecha de carácter universal, incluso en países con sus propias festividades como  China. 
    
Desde hace tiempo el Año Nuevo,  constituye uno de los principales festejos del planeta, y en muchos lugares suele iniciar desde la noche de hoy, la Nochevieja (víspera del Año Nuevo correspondiente al 31 de diciembre),  con los más grandes eventos de pirotecnia.
    
La alegría que hoy provoca el esperar el año nuevo con ruidos de cornetas, pitos, sirenas, fuegos artificiales, música estruendosa, disparos al aire, etc., es un exceso desenfrenado. No es otra cosa que la manera ahora más sofisticada de la costumbre que tenían los pueblos paganos de esperar su año nuevo.  
    
Nosotros le debemos a la Roma pagana la costumbre de observar el nuevo año el primer día del mes primero del año. Durante el primer siglo AC el emperador Romano Julio César, confeccionó un nuevo calendario, conocido como el calendario Juliano. 
    
Es decir que la festividad de Año Nuevo no es de origen reciente. Según revelan inscripciones antiguas, ya existía en Babilonia en el tercer milenio antes de nuestra era. La fiesta, que tenía lugar a mediados de marzo, era importantísima. “En ese momento, el dios Marduk decidía el destino del país para el año siguiente”, dice The World Book Encyclopedia. 
    
La fiesta babilónica del año nuevo duraba once días, en los que se hacían sacrificios, procesiones y ritos de la fertilidad. Durante algún tiempo, los romanos también consideraron que el año empezaba en marzo, hasta que, en 46 a.C., el emperador Julio César decretó que diera comienzo el 1 de enero, un día ya dedicado a Jano (el dios de los inicios) y que a partir de entonces también sería el primer día del calendario romano. 
    
Aunque cambió la fecha, se mantuvo el ambiente carnavalesco.  El 1 de enero la gente “se entregaba a excesos desenfrenados —así como a diversas supersticiones paganas”. Los ritos supersticiosos aún ocupan un lugar en las celebraciones de Año Nuevo. 
   
 Actualmente, con demasiada frecuencia, el día del año nuevo se toma como una excusa para beber en exceso y para perder los estándares morales. Es una de las épocas más peligrosas para conducir porque hay muchas personas ebrias que están conduciendo y cada año escuchamos advertencias acerca del peligro de aquellos que disparan al aire—un acto que con frecuencia cobra vidas humanas.
   
 Por todas estas razones, celebrar la fiesta pagana del año nuevo no le agrada a Dios. La Biblia aconseja a los cristianos que “[anden] decentemente, no en diversiones estrepitosas y borracheras” (Romanos 13:12-14; Gálatas 5:19-21; 1 Pedro 4:3).
    
Como, por lo general, los mismos excesos que condena la Biblia son los que caracterizan las celebraciones de Año Nuevo, los cristianos espirituales no participan en ellas. Eso no implica que seamos unos aguafiestas, como muchos piensan. 
    
Al contrario, sabemos que la Biblia manda a los adoradores del Dios verdadero en repetidas ocasiones, y por diversas razones, que se alegren (Deuteronomio 26:10, 11; Salmo 32:11; Proverbios 5:15-19; Eclesiastés 3:22; 11:9). Las Escrituras también reconocen que la comida y la bebida suelen estar relacionadas con el regocijo (Salmos 104:15; Eclesiastés 9:7a).
   
 Además, la Biblia aconseja a los verdaderos cristianos que sean moderados y que tengan autodominio (1Timoteo 3:2,11). Evidentemente, sería impropio que quien afirma seguir las enseñanzas de Cristo participe en una celebración caracterizada por el exceso desenfrenado.
    
Comprenderán que por más ruidosas que resulten las celebraciones de Año Nuevo, la Biblia nos enseña que ‘dejemos de tocar la cosa inmunda’ y que ‘nos limpiemos de toda contaminación de la carne y del espíritu’.  El ser cristianos no es una tarea sencilla, si realmente obedecemos a Dios tal y como Él nos lo manda. 
   
 La obediencia no es parcial o a medias, el requiere una obediencia total. Muchos decimos o pensamos que andamos según el Espíritu, pero nuestra manera de actuar y lo que hacemos enseñan que no es así, que en realidad andamos conforme a la carne. Gálatas 5:16,  Efesios 5:17  y Filipenses 2:12.
   
 Jehová da esta reconfortante garantía a los que le obedecen. De hecho, promete bendiciones y prosperidad eternas a los que le sean leales (Salmo 37:18, 28; Apocalipsis 21:3, 4, 7).
Rafael Baldayac